Sunday, January 29, 2012

Facciones irreconciliables

En este país hay dos facciones irreconciliables. Hay algunas más, pero su importancia es absolutamente menor, de suerte que todas las simpatías se organizan en torno a alguna de ellas, llenando ambas los periódicos y la televisión.

Seré sincero, tengo mis simpatías orientadas hacia una de ellas, desde bien pequeñito, por herencia familiar. Quizás sea también porque los que me gustan representan, desde siempre, una idea de apertura, de hacer las cosas con sentido de conjunto, con altas miras y tratando siempre de mejorar, de avanzar. O puede que quizás sea por simple oposición, porque el otro grupo siempre ha representado las posiciones más carcas y retrógradas, con el aplastante poder siempre de su parte y, al tiempo, un cínico victimismo hipócrita, que fuera de nuestras fronteras resulta patente.

A mi me gusta que mi tribu, que siento como propia, gane. Sin embargo creo que cuando no obtiene buenos resultados debe hacerse acto de contrición, pensar en qué se ha hecho mal y tratar de mejorar, de cara a nuevas ocasiones que periódicamente, se presentarán. Estamos acostumbrados a perder, a perder mucho y por mucho tiempo, y eso nos hace saborear con más fruición la victoria, que nos cuesta mucho más que al otro grupo, pues debemos luchar contra un aparato y una inercia. Además, siempre nos hemos distinguido porno aceptar las tesis de Maquiavelo, aunque ello implique perder celebraciones.

Por ello, me molesta tanto que el otro grupo, cuando no gana, en vez de tener grandeza, se comporte de una forma tan histérica, poniendo en tela de juicio los éxitos de mi clan, gritando que es injusta su situación y no entendiendo cómo es posible que esté en una posición que no es la suya por derecho, es decir, la imperante.

Así, cuando no es ese su lugar, acude a todas las instancias que puede, que son muchas, sin reflexionar sobre si lo que hace es guerra sucia y ruín, y se apoya en la prensa que le es afín, que es mayoritaria (y que se encargará de sacar polémicas portadas no en su apoyo, sino en detrimento de los míos), hasta que, tremendo ruido de artillería mediante, consigue su objetivo, por lo civil o lo militar. Inmediatamente cesa la guerra, porque a los que yo apoyo, salvo pequeñérrimas excepciones, no les parece procedente manchar las reglas de juego con tal de salirse con la suya, lo que les honra y les hace ganarse mis respetos y los de muchos.

Esa forma de conseguir sus objetivos de las otras gentes, por métodos propios de un niño chantajista y gritón, les funciona, siempre les ha funcionado eso de levantarse en armas exigiendo desagravios por pequeñas cuitas, sin tener en cuenta su debe, sus errores, sus actos dolosos.

Curioso resulta que, para mayor escarnio, siempre tratan de exigir la aplicación mas severa de las reglas a los demás al mismo tiempo que exigen – también – que las mismas normas se les apliquen a ellos con una bochornosa benevolencia.

Por eso, creo yo, España se divide en dos facciones irreconciliables.

Sunday, October 16, 2011

Sunday, May 22, 2011

Saturday, May 21, 2011

Wednesday, May 18, 2011

Sunday, May 08, 2011

No digas que no te avisaron...

Visto en el castillo de Cullera.